EN MÉXICO LA DESTRUCCIÓN DE LOS BOSQUES Y SELVAS SE AGUDIZA
 

A nivel mundial las Selvas Húmedas Tropicales han sido destruidas a un ritmo promedio anual de 160 mil kilómetros cuadrados lo que equivale a 16 millones de hectáreas, superficie comparada a la de Gran Bretaña. Tal cifra equivale a 440 kilómetros cuadrados diarios, o cerca de 44 mil hectáreas por día, a 1,840 hectáreas por hora o bien a 30 hectáreas por minuto. Las selvas tropicales cubren menos del 2% de la superficie de la tierra, pero son el hogar de entre 50 y 70% de todas las formas de vida de nuestro planeta; asimismo juegan un papel crucial en la regulación de los ciclos climáticos e hidrológicos de la tierra además de ser el hogar de un gran número de pueblos indígenas y cientos de otras comunidades tradicionales.

En América la destrucción de selvas tropicales se hace a un ritmo de 8 millones de hectáreas por año aproximadamente, esto es igual a 22 mil hectáreas diarias, más de 900 hectáreas por hora o más de 15 hectáreas por minuto equivalente a 40 campos de fútbol.

En México, el 72% de la superficie es de aptitud forestal con un total de 141.7 millones de hectáreas. La superficie total arbolada nacional se estima en 56.8 millones de hectáreas, la cual se integra por bosques de coníferas y hojosas que cubren 30.4 millones de hectáreas y por selvas altas, medianas y bajas en una extensión de 26.4 millones de hectáreas.

La vegetación de las zonas áridas ocupa una superficie de 58.5 millones de hectáreas y las áreas integradas por vegetación hidrófila y halófila, abarcan 4.2 millones de hectáreas. Adicionalmente las áreas forestales perturbadas cubren un total de 22.2 millones de hectáreas.

México sufre una de las tasas de deforestación más altas del mundo, estimada entre 300 mil y un millón y medio de hectáreas anuales, lo que representa una pérdida de la cubierta forestal equivalente a entre una y tres veces el total del territorio del estado de Tlaxcala. Cifras oficiales reportan una tasa de deforestación de un millón 127 mil 845 hectáreas por año, ubicándose en segundo lugar a nivel mundial, solo después de Brasil.

Nuestro país ha perdido más del 95% de sus bosques tropicales húmedos (incluyendo selvas perennifolias y bosques mesófilos), más de la mitad de sus bosques templados y un porciento difícil de cuantificar de sus zonas áridas y desiertos naturales, pero que sin duda rebasa a la mitad del acervo original. La desaparición de humedales, especialmente de manglares, que aún cuando su superficie es pequeña con relación a otros ecosistemas, por su productividad biológica los hace altamente importantes.

En los trópicos, por cada árbol adulto derribado, alrededor de otros 27 árboles son afectados, lo que significa la destrucción en promedio de mil 400 m2 de selva, poniendo en peligro de extinción a un gran número de especies maderables, vegetación y fauna acompañante.

La importancia de los bosques y selvas en la estabilización de los patrones climáticos es fundamental, la cobertura aporta protección al suelo; la estructura multiestratificada de la vegetación, junto con una vegetación exuberante, rompe el impacto de lluvias y tormentas, permitiendo que se cumpla el ciclo hidrológico y con ello la recarga de los mantos acuíferos; las selvas tropicales cubren sólo el 2% de la superficie de nuestro planeta, pero reciben la mitad de toda la precipitación terrestre.

Además, los bosques y selvas desempeñan otras importantes funciones tales como evitar o reducir la perdida de suelo por erosión, mejoran la calidad del aire al efectuar la captura de carbono, constituyen hábitats naturales para la vida de plantas y animales silvestres, conforma sitios naturales de enorme belleza escénica para descanso, recreación y esparcimiento de la sociedad, genera fuentes de abastecimiento de combustible para los pobladores de las áreas rurales forestales, entre otras no menos importantes.

La destrucción de los bosques y selvas con propósitos de tener áreas para cultivo y ganado, asentamientos urbanos, así como la extracción de maderas para el abastecimiento de industrias, la extracción de minerales, de petróleo, vías de comunicación y presas contribuyen a su desaparición. Otros factores que contribuyen a su disminución son los fenómenos naturales tales como incendios, plagas, enfermedades, erupciones volcánicas, ciclones, huracanes, terremotos y granizadas.

La grave destrucción de las Selvas y Bosques en nuestro país ha repercutido en un notable cambio climático y la intensificación del fenómeno "El Niño" que tanto daño está causando, teniendo como consecuencia, inundaciones, sequías, muerte de especies, marianas y terrestres, e incendios. Existe una relación directa entre la destrucción de bosques y selvas con el aumento de la temperatura en el medio ambiente.

Es indispensable el proteger y evitar la comercialización de maderas preciosas, así como la explotación a gran escala de recursos mineros, petroleros y de maderas y preservar las zonas naturales para un beneficio común en el planeta, es decir, es indispensable utilizar los recursos naturales renovables de modo reversible y minimizar los cambios irreversibles.

La carencia de reglas nacionales e internacionales respecto a frenar la destrucción de la vegetación, han sido la causa de la pérdida de más del 60% de selvas y 20% de bosques del planeta. En México, la conservación de la diversidad biológica es un problema de la más alta prioridad y su solución de la más grave urgencia, por lo tanto se debe proceder de inmediato a elaborar la reglamentación y legislación necesaria para prohibir la extracción, comercialización y exportación de especies de maderas preciosas en peligro de extinción en las selvas tropicales o bosques húmedos.

La implementación de nuevas políticas y aplicación de presupuestos, deben considerar acciones a mediano y largo plazo y, estar encaminadas a alcanzar un manejo y desarrollo sostenible.

 

   
 
 
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